Éramos Jóvenes.

Solíamos insistir sin importar las condiciones, asumíamos los riesgos con la misma intensidad con la que enfrentábamos los miedos. Siempre en busca del próximo desafío, de nuevas conquistas, el mundo era nuestro y la vida nos sonreía. Los triunfos y derrotas no sabían igual si al término, no hacíamos gala de nuestras heridas.

Éramos jóvenes, capaces de sobreponernos a los reveses e infortunios. Sabíamos que el tiempo pasaba de prisa, pero, ante nosotros franqueaba desapercibido.

Los años no dieron tregua, y el destino que fuimos trazando nos condujo hasta dónde estamos. Pero lo vivido, eso lo llevamos impregnado en nuestra memoria, como un tatuaje en el alma.

Por: Escritor. ®

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Vivir sin depender.

Fuimos de esos poemas que no empiezan con palabras, sino con miradas. Buscabamos hacer la diferencia, escribir una historia real, con un contexto mejor, diferente, uno que sin llevarnos fuera de la realidad, marcara con fuertes trazos la maldita manía que teníamos de querernos. Pero como todo lo bueno, un día acabó, al igual que acaban los buenos libros.

Quién lo diría, aún te leo y todo mi universo tiembla. Quizás fue esa particular forma que tuviste de dejarme desordenado el corazón, la que me enseñó a amar sin poseer, a vivir sin depender.

Por: Escritor.