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Un amor inconcluso.

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Días cargados de ironía, repletos de ausencia, carentes de color. Saben que están condenados, sus minutos de esplendor, aunque largos, sucumben al término del ocaso. Así transcurrían las horas para Laura, en una espera constante que desgastaba su resistencia, y de apoco devoraba su alma con el sin sabor de su partida. Ella prometió que lo esperaría toda una vida si fuera necesario.
-Se supone que así es el amor? le decía su madre al ver en sus hinchados ojos el reflejo de una mujer desgastada por el dolor. No podía creer en lo que ahora se había convertido su hija,  de ser  una mujer radiante capaz de contagiar al mundo con una sonrrisa, a ser alguna especie de zombie, con una mirada perdida, distraída y llena de amargura.

Eran las 03:55 horas de aquella madrugada de agosto, de repente un escalofrío  recorre  todo el cuerpo de Laura, era una sensación extraña, como una especie de presagio o un aviso de que algo sucedería, esta vez como en todas sus noches anteriores era víctima del insomnio y la incertidumbre, y es que aun se preguntaba porque Santiago no había regresado aquel día como de costumbre? Si eran una pareja promedio normal, con altos y bajos y se amaban, porque había ocurrido aquello? Se preguntaba.

Pero aquella madrugada sería muy diferente a las demás, aquel presagio que sentía no era pasajero ni uno más de los ya vividos en esos tres largos meses de espera y desasosiego. El suave tono de un teléfono celular acompañado de una vibración irrumpieron en la habitación de Laura. Era un mensaje de texto. En su rostro se reflejaba todo un cúmulo de sentimientos, rabia e impotencia, mientras que con una mirada fija y sin espabilar veía la pantalla del teléfono. Sus ojos estaban gastados, y las pocas lagrimas que quedaban se habían contenido por el asombro del momento. -Santiago? musitó. Por fin después de casi 90 días la espera había terminado.

-Lamento no haber tenido el valor para decirte adiós mirándote a los ojos, tanto como lamento no haber tenido la valentía para terminar una relación lastimera y vacía en el momento oportuno, dijo. Se que estas destruida tanto como yo, pero pensé que seria mucho mas facil poner un nuevo cimiento en tu vida si sacabas los escombros que yo había dejado. Tu no fallaste, yo lo hice. adios. Finalizó Santiago.

Aquella declaración había abierto una nueva ventana en la vida de Laura, si, una ventana de esperanza, de un nuevo día, de un nuevo comienzo, era como si todo en su mundo hubiera cambiado de color después de aquel mensaje. Y es que a pesar de lo absurdo que parezca y a pesar de lo desgarrador que había sido el hecho de tener que leer aquel texto después de una espera tan larga y dolorosa, por fin pudo dar por terminado aquel mal capítulo de su vida.

Laura había aprendido que al igual que como pasa con los buenos libros todo tiene un punto final. Esa calurosa madrugada de agosto le había dado término a un proceso doloroso al que duró aferrada por meses, albergando falsas esperanzas de un amor inconcluso. Ella decidió darse una nueva oportunidad con la vida, sin estar atada a nadie, sin esperar nada de nadie, después de todo, un punto final solo es una luz verde para dar inicio a una nueva historia, a una nueva aventura, a un buen libro.

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