Muy tarde.  

Pero la ausencia nos superó. Se enfriaron los besos y enmudecieron las ganas. El pálido reflejo se destiñó con los agudos suspiros del recuerdo. 

De a poco, los pétalos marchitos de la flor fueron muriendo y con ellas las ganas. Tarde, muy tarde nos dimos cuenta que el olvido no perdona, y desfallecimos. 

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Feroces batallas. 


Son los minutos testigos de mis mas grandes luchas, tan feroces como las más sangrientas de las batallas. Solo existe una única diferencia, esta no es librada en la arena, aquí el campo de batalla es mi mente.