El Forastero.

-¿Acaso has perdido la razón? alguien le preguntó.
Hacía mucho que la poca razón que le quedaba a aquel forastero se había esfumado, y con el tiempo, el mínimo de cordura se reducía a inconstantes y efímeros momentos de lucidez.

En lo que parecía ser otro momento de desvarío levantó la cabeza, y con una mirada firme al cielo y una voz que suponía enojo y denotaba amargura, exclamo como si alguien más lo escuchara.
-Estoy claudicando, mi cuerpo envejece y lentamente mis fuerzas están siendo aniquiladas con las horas, mi tiempo se acaba, mi condena será aun mayor al término de este día, después de todo, ganaste.

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Se que existes.

Amo todo de ti, cada lunar en tu cuerpo, cada locura irreverente, cada lágrima que se desborda en tu mejilla. El sabor de tus labios, el olor de tu cabello, el color de tu voz, amo cada vez que te insinúas con una mirada y me susurras que te haga mía. Amo el rose de tu piel, tu respiración agitada, tus gemidos insaciables y cuando pides más.Te amo, aunque no seas, aunque no estés, aunque no te encuentre, te amo porque se que existes en algún lugar. Te seguiré esperando

Qué más da.

Como si todo fuera un espejismo, perdimos el sentido real de la palabra amar. Nos llenamos de ausencias, de aciertos confusos, de miradas esquivas y besos fingidos.

Como si el cielo estuviera reservado para unos pocos, nos apresuramos, y en un intento por alcanzar la tan anhelada libertad, nos volvimos esclavos de un sistema, esclavos del egoísmo y el miedo, esclavos del engaño y la verdad, una verdad infundada que hicimos propia sin conocer sus raíces ni su origen, una verdad a medias que se desvela en algún horizonte y se propaga en cualquiera de los contextos, pero a fin de cuentas, triste e irónicamente, una verdad.

Qué más da.

By: Escritor