Muy tarde.  

Pero la ausencia nos superó. Se enfriaron los besos y enmudecieron las ganas. El pálido reflejo se destiñó con los agudos suspiros del recuerdo. 

De a poco, los pétalos marchitos de la flor fueron muriendo y con ellas las ganas. Tarde, muy tarde nos dimos cuenta que el olvido no perdona, y desfallecimos. 

La hora señalada. 

Ráfagas incontrolables de lucides, alimentados por efímeros momentos de agónica cordura, tocaban las fibras de la nostalgia. Otra vez llegaban dulces y cálidos recuerdos que fulminan las intensiones, camuflados en matices azules y senderos ausentes. Como un presagio eterno, la hora señalada se hizo real. Un adiós que promulgaba un hasta siempre, y un juramento como sello final, de un amor inconcluso en días de invierno.

“Bony”

De repente, se escuchó a lo largo y ancho de aquella sala un ensordecedor y antagónico grito. La madre de la pequeña Melany sin duda estaba muy afectada al verla sumergida en un llanto incontrolable, y poseída por el miedo que resultaba visible. 

Luego de un lapso aproximado de cinco minutos sin tregua de llanto, forcejeo y frustrados intentos por calmar a Melany, aquel hombre alto de bata blanca se acercó nuevamente a la pequeña, esta vez, con sus dos brazos tras su espalda. Parecía esconder algo. 

Luego de asegurarse de estar lo suficientemente cerca de la niña, dijo con una voz tenue. -Tengo algo para ti Melany. -Quieres ver de que se trata? La pequeña con sus ojitos hinchados y aun llenos de lágrimas, lo miró fijamente. -Quieres saber que tengo escondido para ti? Insistió aquel hombre. La curiosidad de Melany fue movida, y aun entre leves sollozos puso toda su atención en el hombre de la bata blanca. 

-Lo quieres? replicó nuevamente. Al fin Melany había cedido y por un momento se olvido de aquello a lo que tanto pánico le tenía. -Si, contestó la pequeña de cuatro años. Para ese momento, las lágrimas habían cesado. 

-Muy bien, dijo el hombre de la bata blanca. Y de su espalda, en un suave movimiento, sacó una maleta en la que guardaba un hermoso osito de peluche al que apodada Bony. 

-Prometes cuidarlo bien? Le preguntó el hombre. -Prometo hacerlo, dijo con total asombro al ver el osito, mientras una hermosa sonrisa se dibujaba en su rostro, y enternecia a los que observaban. 

-Ok, tómalo,  ahora es tuyo, replicó el doctor. -Pero, para que puedas cuidarlo bien, tu también debes estarlo. -Si tu te enfermas, quien cuidará de Bony? -No querrás que nada malo le pase, verdad?

La niña se aferró al osito y lo abrazó fuerte, -Yo no quiero que nada malo le pase. Dijo con algo de timides, y palabras aún algo incompletas por su edad. 

-Muy bien, ahora yo tomaré tu brazo y pondré una inyección que te hará sentir mejor, luego podras ir a casa a jugar con Bony, estás de acuerdo? -La niña con algo de susto asintió con la cabeza, mientras el doctor ponía la inyección para cortar con la infección y aliviar el dolor en su garganta. 

Finalmente, el doctor se dió cuenta que ese día había aprendido una gran lección, una lección de vida que aplicaría en adelante en todas las arias pertinentes. Por eso, despues de aquel episodio, en la entrada de su consultorio se encuentra una nota que dice:

Si queremos resultados diferentes, es tiempo de empezar a buscar estrategias diferentes, es el momento de hacer cosas diferentes.  

Siempre estás.  

Te veo en cada pensamiento, te encuentro en cada rincón de mi mente. Te siento en cada una de mis letras, en cada roce erótico de la tinta y el papel. 

Y si nos olvidamos de todo y de todos? Y si desnudas tus sueños para contemplar tus matices? Y si nos besamos el alma y nos amamos por dentro? Y si no existe un mañana? Y si nos volvemos eternos en la novela de algún escritor? 

Si algún día coincidimos.

IMG_20160104_102418Si algún día coincidimos, sin importar donde estemos, sin esperar nada a cambio, sin conocer lo que eres, sin saber como eres, sin inventar promesas que se rompen, nos olvidaremos del resto, que el mundo se detenga por un instante para gritarle que eres tú el único cielo que conozco.

Si algún día coincidimos no habrán preguntas, gastaremos los minutos entre sábanas, o quizás hagamos del tiempo nuestro cómplice, nos volveremos adictos, inventaremos nuevos acordes en una danza erótica al compás de tus caderas.

Si algún día coincidimos nos mojaremos bajo la lluvia azul tomados de la mano, seriamos tormenta, seriamos pasión, seriamos la novela de algún escritor, seriamos letras, seriamos versos, seríamos poema.

Todo esto y quizás más, sólo si algún día coincidimos.