El Forastero.

-¿Acaso has perdido la razón? alguien le preguntó.
Hacía mucho que la poca razón que le quedaba a aquel forastero se había esfumado, y con el tiempo, el mínimo de cordura se reducía a inconstantes y efímeros momentos de lucidez.

En lo que parecía ser otro momento de desvarío levantó la cabeza, y con una mirada firme al cielo y una voz que suponía enojo y denotaba amargura, exclamo como si alguien más lo escuchara.
-Estoy claudicando, mi cuerpo envejece y lentamente mis fuerzas están siendo aniquiladas con las horas, mi tiempo se acaba, mi condena será aun mayor al término de este día, después de todo, ganaste.

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Se que existes.

Amo todo de ti, cada lunar en tu cuerpo, cada locura irreverente, cada lágrima que se desborda en tu mejilla. El sabor de tus labios, el olor de tu cabello, el color de tu voz, amo cada vez que te insinuas con una mirada y me susurras que te haga mía. Amo el rose de tu piel, tu respiración agitada, tus gemidos insaciables y cuando pides más.Te amo, aunque no seas, aunque no estés, aunque no te encuentre, te amo porque se que existes en algún lugar. Te seguiré esperando

Qué más da.

Como si todo fuera un espejismo, perdimos el sentido real de la palabra amar. Nos llenamos de ausencias, de aciertos confusos, de miradas esquivas y besos fingidos.

Como si el cielo estuviera reservado para unos pocos, nos apresuramos, y en un intento por alcanzar la tan anhelada libertad, nos volvimos esclavos de un sistema, esclavos del egoísmo y el miedo, esclavos del engaño y la verdad, una verdad infundada que hicimos propia sin conocer sus raíces ni su origen, una verdad a medias que se desvela en algún horizonte y se propaga en cualquiera de los contextos, pero a fin de cuentas, triste e irónicamente, una verdad.

Que mas da.

By: Escritor

Podremos seguir ignorándolos?

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Inmersos en una guerra que no buscaron, en una religión que no eligieron, dueños de una infancia que les fue arrebatada.
Llantos que el silencio esparce sin fe, lamentos intrépidos que se quedan como inquilinos a vivir para siempre en mi memoria, crónicas de una realidad que desvaría, de un mundo agónico que se desangra, lagrimas que ya no conmueven, voces que preferimos no escuchar, haciéndonos inmunes al dolor, al sufrimiento, a la desesperanza…
Realmente podremos seguir ignorándolos?
By: Escritor

Éramos Jóvenes.

Solíamos insistir sin importar las condiciones, asumíamos los riesgos con la misma intensidad con la que enfrentábamos los miedos. Siempre en busca del próximo desafío, de nuevas conquistas, el mundo era nuestro y la vida nos sonreía. Los triunfos y derrotas no sabían igual si al término, no hacíamos gala de nuestras heridas.

Éramos jóvenes, capaces de sobreponernos a los reveses e infortunios. Sabíamos que el tiempo pasaba de prisa, pero, ante nosotros franqueaba desapercibido.

Los años no dieron tregua, y el destino que fuimos trazando nos condujo hasta dónde estamos. Pero lo vivido, eso lo llevamos impregnado en nuestra memoria, como un tatuaje en el alma.

Por: Escritor. ®