Feroces batallas. 


Son los minutos testigos de mis mas grandes luchas, tan feroces como las más sangrientas de las batallas. Solo existe una única diferencia, esta no es librada en la arena, aquí el campo de batalla es mi mente.  

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Un puñado de letras. 

No se cuanto tiempo estuve sentado en frente de mi computadora con una hoja de Word en blanco. Realmente no miré el reloj para darme cuenta del tiempo pero cálculo que  pasó más de media hora, quizás más antes de empezar a escribir la primera palabra. Para ser honesto sentía una profunda necesidad de escribir, pero escribir sobre que? Escribirle a quien?

En ese momento solo me pude contestar la segunda pregunta,  “no quería dedicar mis líneas a ninguna persona en particular”. Mis dedos inquietos bordeaban las teclas esperando que mi mente les diera la instrucción para empezar a sumergirse en un mar de letras. No encontraba las palabras. Mis pensamientos trataban de ponerse en orden, intentaba descifrar aquella confusión que existía en ese momento en mi cabeza y poder alinear aunque fuese por un momento la mente y el corazón, solo intentaba que estuvieran de acuerdo por un fugas instante y así tener algún indicio. Fue inútil. 

Pero luego de un tiempo en estas marejadas de incertidumbre interno, reflexione en el hecho de lo fácil que podemos las personas aparentar en ocasiones una absoluta calma, cuando por dentro somos un remolino de emociones que nos llevan de un lado a otro. 

En definitiva, en esta ocasión no pude escribir más que esto, un puñado de letras sin sentido en algún trozo de papel virtual.